john-wesley-01Redactado el 25 de Diciembre de 1738

El propósito de reunimos es obedecer el mandato de Dios: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.» 1

Con esta finalidad nos proponemos:

  1. Reunimos por lo menos una vez por semana.
  • Asistir puntualmente a la hora designada, salvo una razón extraordinaria.
  1. Comenzar (los que estemos presentes) exactamente a la hora, cantando u orando.
  2. Hablar cada uno en orden, libre y claramente, acerca del verdadero estado de nuestras almas, de las faltas que hemos cometido de pensamiento, palabra u obra, y de
    las tentaciones que hemos experimentado desde nuestra última reunión.
  3. Terminar cada reunión con una oración de acuerdo a las necesidades de cada persona presente.
  1. Solicitar a alguno de entre nosotros que hable de su propia situación espiritual y luego pedir a los demás que, de manera ordenada, planteen en profundidad cuantas preguntas tengan concernientes a su estado, a sus pecados y a sus tentaciones.

Algunas de las preguntas propuestas a cada uno antes de ser admitido a nuestro grupo pueden ser las siguientes:

  1. ¿Tienes el perdón de tus pecados?
  2. 2. ¿Estás en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo?
  3. ¿Posees el testimonio que el Espíritu mismo da a tu espíritu de que eres hijo de Dios?
  4. ¿Se derrama el amor de Dios en tu corazón?
  • ¿Hay algún pecado, interior o exterior, que te domina?
  1. ¿Deseas que te señalen tus faltas?
  • ¿Deseas que se te señalen todas tus faltas clara y llanamente?
  1. ¿Deseas que cada uno de nosotros comparta, de vez en cuando, lo que siente en su corazón respecto a ti?
  2. ¡Considera lo siguiente! ¿Deseas que te digamos todo lo que pensamos, lo que tememos, lo que escuchamos, sobre ti?
  3. ¿Deseas que al hacer esto indaguemos a fondo, llegando hasta lo más profundo de tu corazón?
  4. ¿Es tu deseo y propósito ser, tanto en esto como en toda otra ocasión, completamente sincero para expresar lo que sientas en tu corazón, sin excepciones, sin engaños y sin reservas?

Cualquiera de las preguntas precedentes pueden plantearse con la frecuencia que ofrezca la ocasión. Pero las cinco siguientes en cada reunión:

  1. ¿Qué pecados conocidos has cometido desde nuestra última reunión?
  2. ¿Con qué tentaciones te has enfrentado?
  3. ¿Cómo fuiste liberado?
  • ¿Has pensado, dicho o hecho cosa alguna que haya provocado en tila duda de haber pecado?
  1. ¿Tienes algún secreto que deseas guardar para ti?